18 Nov

Hoy, no voy a llorar

Tan sólo un parpadeo para el universo y vuelve a ser su día. El día que quiero recordar, no el que decidí olvidar. Pues no me aportaba más que  sufrimiento e impotencia.

Un año más ha pasado y sigo aprendiendo de esas vivencias que juntos compartimos. Como en una película que ves por segunda vez y descubres esas pequeñas cosas que dan sentido a la historia.

Un sentimiento agridulce me acompaña cada día, desde que el arbotante de mi vida se derrumbó. Un dolor inhumano que me persigue, cual herida que nunca cicatriza, hasta el final de mis días. Y junto al dolor, la alegría que comparte mi camino por haber tenido, sin duda alguna, al mejor Padre del mundo.

Un maestro que me acompañó con cariño y mucha paciencia. Un aliado en mis aventuras, que junto a mí disfrutaba cual niño ilusionado. Alguien que me escuchaba con interés y me hablaba con sabiduría e inteligencia. Y sobre todo un Padre, en el más amplio sentido de la palabra.

Por todo esto y por más, le hubiera dado años de mi vida sin tan siquiera inmutarme. Una pena que esa posibilidad sólo exista en mi mente. Y me atormente por no ser capaz de hacerla realidad.

Tan sólo queda el recuerdo, los momentos compartidos, las enseñanzas, el amor incondicional y tantas otras cosas que, en parte, me hacen ser como soy. Y Orgulloso de ello me siento.

Al final falto a mi palabra; inevitable no sucumbir al llanto. Pues lo que se fue, no volverá.

¡Felicidades Papá!

El capitán de su calle