13 Oct

El observador imperturbable

Aleteando contra el viento, las cenizas y un calor insoportable, un colibrí lleva una gota de agua en el pico para sofocar el incendio que está devastando su hogar […]

 

Colores y más colores para resumir, a grandes rasgos, el gran negocio del siglo XXI; los partidos políticos.

Efectivamente todos no son iguales. Los separa la filosofía de su ideología, aquella que los define en sus principios políticos o en su código ético y que plasman, con mayor o menor acierto, en su programa electoral. ¿Pero es esto lo que vemos en nuestro día a día?

Por alguna razón defendemos a muerte al partido elegido. No es el caso de un servidor, que crítico donde los haya, arremete contra él más que contra otros.

¿Por qué se hace? Depende de varias razones. A mi parecer de poco peso la mayoría de ellas. Quizás las más utilizada sería ser fiel a la idea primigenia. Esa que en su momento nos pareció la mejor o la menos mala y que a medida que pasa el tiempo sentimos que debemos ser leales a nuestros principios.

La evolución de nuestras ideas. Algo tan simple y que a menudo nos resulta tan complicado.

Al que se le pregunte en petit comité, valorará de forma muy negativa cualquiera de los partidos políticos existentes, incluido el suyo. ¿Qué le lleva después a votar al mismo? Deberíamos preguntarnos cuán críticos somos con los partidos políticos. O mejor aún, deberíamos preguntarnos si somos igual de críticos con la política que con cualquier otra cosa. Pongamos por caso el futbol.

¿A qué esperamos? ¿Cuándo vamos a reaccionar? O pensamos que una idea no cambia nada. Que una acción no mueve montañas.

Como veis este artículo no trata de un color u otro en el pantone político. No magnifico ni humillo a cualquiera de esas siglas con las que convivimos en los periódicos, dignos estos de un artículo para ellos solos. Simplemente trato de despertar la conciencia de alguno, que cabizbajo prefiere que el paso del tiempo de solución a los problemas. Sus problemas, nuestros problemas, los problemas de todos.

Quizás sea tiempo de entender quién manda. Quién tiene la capacidad para dar y quitar ese poder cuando su uso es deplorable. Quizás sea momento de que nos levanten las ideas, aunque nos impongan sentarnos.

 

[…] Una gota de agua no apagará un fuego, pero puede ser el comienzo de una gran tormenta.

 

El capitán de su calle