1 Ago

Mis amigos

“Poliladron” (policías y ladrones). No sé cómo se llama este juego en otras ciudades. Nosotros lo llamábamos así.

[…] Yo corría detrás de él, pero lo perdí tras un edificio. Cuando pasé la esquina no lo vi. Dejé de correr y me di la vuelta buscándolo en algún hueco. Estaba a ras de suelo, escondido en una de las entradas de aire del garaje que el edificio tiene en la fachada interior con forma rectangular.

Yo sonreí, él sonrió y me dijo  ―que cabrón, pensamos igual.

Apenas habíamos sobrepasado las dos cifras y Nacho y yo ya éramos íntimos amigos desde hacía varios años. Una amistad que durará para siempre.

Un edificio, el del hueco del garaje, en el que Marco y Óscar vivían. Dos amigos que llegaron algo más tarde, pero no con menos fuerza, a un grupo de amigos íntimos. Dos hermanos con los que compartir risas, juegos, complicidad, aventuras y más tarde toda una vida de amistad.

Mi hermano Emi, algo más pequeño que yo, compartía conmigo hermandad y amistad. Y formaba parte también del grupo de amigos. Una relación increíble que compartimos y seguiremos compartiendo por siempre.

Javi fue más como el Guadiana, hasta que, al final, su camino lo llevó junto al nuestro, afortunadamente. Una amistad divertida, verdadera y única, como cada una de las otras y aun así compatible con las demás.

La verdad es que es complicado describir la amistad o darle la importancia que le corresponde dentro de nuestras relaciones diarias. Yo tengo la suerte de contar a mis hermanos entre mis amigos y de considerar a mis amigos como hermanos, y creo que eso os puede dar una idea de la importancia que ambas cosas tienen para mí.

Y hace quince años llegó a mi vida otra Amiga, Marta, mi chica, mi compañera, el amor de mi vida. De esta y de tantas vidas como pudiera vivir.

La Amistad; un complejo laberinto en el que los sentimientos van creando caminos basados en experiencias, algunas veces muy complicados y otras muy simples, que vas recorriendo durante tu vida con esa persona. Nunca hay más de una persona por laberinto contigo, aunque, a veces, se unen los caminos de otros laberintos. Lo más importante es saber en qué laberintos debes quedarte y de cuáles debes salirte.

Os quiero amigos.

El capitán de su calle